En el país, la mayoría de los alcaldes aspiran a la reelección, deseo que coincide en algunos casos con el de sus vecinos, en otros casos con el de sus partidarios cercanos, ya que muchos de estos se benefician directa o indirectamente. En otros vecinos, la reelección siembra dudas; en otros casos, simplemente rechazo tajante, una sonrisa o una interjección subida de tono: la reelección va de la mano con la calidad de la gestión.
Muy pocos son buenos y malos alcaldes, especialmente aquellos que no tenían idea de qué es gobernar. Desde fuera, se piensa que gobernar es fácil, que es un asunto en el que hay que tener solamente sentido común.
Pero, la realidad de un distrito como el nuestro llamado sub desarrollado y con tan diversas necesidades no satisfechas, o quiza con obras mal ejecutadas, en muchos casos cuestionados o abandonados a su suerte, echa por los suelos la idea de que es fácil gobernar y que se deba dar oportunidad de gobernar a quien en 04 años el pueblo le dio la oportunidad.
Gobernar es ciencia, pasión y arte. Requiere de equipos, de técnicos, de políticos duchos en el arte de gobernar. El mundo actual es, además y sobre todo, comunicación, entendida como un concepto que incorpora la idea del diálogo, la búsqueda de consensos razonables.
Se trata de escuchar a los regidores, a los funcionarios, pero, especialmente, a los vecinos. Si alguien aspira a la reelección que escuche a sus vecinos. El gobernante debe tener oídos grandes, ojos grandes y lengua corta.
Se trata de escuchar y tratar de entender. Comunicar no es sólo poner carteles de las obras que se realizan o aparecer con frecuencia en la televisión o en las radios, o en el caso de muchos, colocar spot radiales continuos en estas alturas de campaña electorera.
Se debe comunicar y establecer vínculos con los ciudadanos-vecinos con el fin de incorporar sus necesidades y sus sueños, a los actos mismos del Gobierno.
Así como pasa en otros países, la reelección inmediata a las alcaldías no existe. Se elige al alcalde por un periodo de tres o cuatro años y si quiere aspirar a la reelección debe esperar la elección siguiente para volver a postular y ganar las elecciones.
Este régimen tiene una virtud: el nuevo alcalde, no tendrá tiempo para experimentos y continuará lo bueno dejado por el anterior, incorporando sus propias políticas, pero sin negar lo bueno del anterior. Continuar buenas políticas de Estado, programas e inversiones estratégicas, una ciudad que realmente cambie.
Los alcaldes salientes deben reconocer la labor del anterior, le dan un sello nuevo a su gestión municipal, pero sin rechazar, negar o exagerar en la negación del otro. Esta es una lección para los alcaldes de nuestro distrito, que muchas veces niegan la buena labor del anterior, intentando negar lo evidente y despotricar con insultos y adjetivos que desvisten la verdadera faceta de las autoridades.
Tanto como el Gobierno Nacional, los Gobiernos Locales cuentan con políticas, programas, estrategias invariables que permiten pensar en el largo plazo. Inventar el agua tibia cada cuatro años es una mala recomendación.
¿Buscarán algunos alcaldes una segunda elección? En el caso de nuestro distrito es segurísimo que lo hará, ya que lo anunció públicamente ante sus seguidores.
Cuando hay un buen alcalde los vecinos votan por él, salvo que haya cometido algún error grave o se descubra algo no transparente que siembre dudas en el ciudadano y deje de lado nombres y apellidos tradicionales en este viejo pueblo.
Ya no más a los apellido tradicionales que muchos piensan deben ser las autoridades, ahora Guadalupe esta lleno de muchos ciudadanos que llegaron procedentes de la hermana provincia de Cajamarca, ciudadanos quienes silenciosamente vienen invirtiendo en Guadalupe y que con sus aporte económico empresarial nos permite crecer.
En el caso de Lima y otras ciudades del país, los cambios requieren tiempo, y para eso se requiere un liderazgo fuerte, un buen equipo humano y un buen plan de gobierno. Sin embargo, permanecer en el mismo cargo genera, en algunas autoridades, desgaste, tedio, aburrimiento y cansancio.
El que tiene verdadera vocación política siempre aspira a una responsabilidad mayor. Por ello, es recomendable no ejercer tanto tiempo el mismo cargo, pues se generan las condiciones para una gestión mediocre y el consiguiente rechazo ciudadano.
Hasta el año 1995, los alcaldes fueron votados para gobernar durante tres años. A partir de las elecciones del año 1998, el gobierno municipal fue de cuatro años para darle tiempo a la autoridad a terminar sus obras. Cuatro años al frente de una alcaldía son más que suficientes. Aspirar a una segunda elección es un error.
El cambio en la vida y en la democracia es necesario. Los griegos para gobernar la polis, sorteaban entre los ciudadanos la tarea de gobernarla. Todos buscaban servir. No había reelección. Es preciso aprender de los viejos sabios, pues los seres humanos tendemos a hacer hábitos, formar grupos y aspiramos a continuar, contrariando el sentido común y la voluntad ciudadana que ejercida libremente, pone las cosas en su lugar.
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